LEYENDAS Y RELATOS

EL ANGEL DE LOS NIÑOS

Cuenta una leyenda que a un angelito que estaba en el cielo, le tocó su turno de nacer como niño y le dijo un día Dios: -Me dicen que me vas a enviar mañana a la tierra. ¿Pero, cómo vivir? tan pequeño e indefenso como soy. -Entre muchos ángeles escogí uno para tí, que te está esperando y que te cuidará. -Pero dime, aquí en el cielo no hago más que cantar y sonreír, eso basta para ser feliz. -Tu ángel te cantará, te sonreíra todos los días y tú sentirás su amor y serás feliz. -¿Y cómo entender lo que la gente me hable, si no conozco el extraño idioma que hablan los hombres? -Tú angel te dirá las palabras más dulces y más tiernas que puedas escuchar y con mucha paciencia y con cariño te enseñará a hablar. -¿Y qué haré cuando quiera hablar contigo? -Tú ángel te juntará las manitas te enseñara a orar y podrás hablarme. -He oido que en la tierra hay hombres malos.¿Quién me defenderá? -Tú ángel te defenderá más aún a costa de su propia vida. -Peró estaré siempre triste porque no te veré más Señor. -Tú ángel te hablará siempre de mí y te enseñará el camino para que regreses a mí presencia, aunque yo siempre estaré a tu lado. En ese instante, una gran paz reinaba en el cielo pero ya se oían voces terrestres, y el niño presuroso repetía con lagrimas en sus ojitos sollozando… -¡Dios mio, si ya me voy dime su nombre!.¿Cómo se llama mi ángel? – Su nombre no importa, tu le diras: MAMÁ. (ANONIMO)

LA NIÑA DE LOS FOSFOROS

¡Que frío tan atroz! Caía la nieve, y la noche se venía encima. Era el día de Nochebuena. Enmedio del frío y de la oscuridad, una pobre niña pasó por la calle con la cabeza y los piesdesnuditos.Tenía en verdad, zapatos cuando salió de su casa; pero no le habían servido mucho tiempo.Eran una zapatillas enormes que su madre ya había usado: tan grandes, que la niña las perdióal apresurarse a atravesar la calle para que no la pisasen los carruajes que iban en dirreciones opuestas.La niña caminaba, pues, con los piececitos desnudos, que estaban rojos y azules del frío;llevaba en el delantal, que era muy viejo, algunas docenas de cajas de fósforos y tenia en lamano una de ellas como muestra. Era muy mal día: ningún comprador se había presentado, y,por consiguiente, la niña no había ganado ni un céntimo. Tenía mucha hambre, mucho frío ymuy mísero aspecto. ¡Pobre niña! Los copos de nieve en se posaban en sus largos cabellosrubios, que le caían en preciosos bucles sobre el cuello; pero no pensaba en sus cabellos.Veía bullir las luces a través de las ventanas; el olor de los asados se percibía por todas partes.Era el día de Nochebuena, y en festividad pensaba la infeliz niña. Se sentó en una plazoleta, y se acurrucó en un rincón entre dos casas. El frío se apoderaba deella y entumecía sus mienbros; pero no se atrevía a presentarse en su casa; volvía con todoslos fósforos y sin una sola moneda. Su madrasta la maltrataría, y , además, en su casa hacíatambién mucho frio. Vivían bajo el tejado y el viento soplaba allí con furia, aunque las mayoresaberturas habían sido tapadas con paja y trapos viejos. Sus manecitas estaban casi yertas de frío. ¡Ah! ¡Cuanto placer le causaría calentarse con una cerillita! ¡Si se atreviera a sacar unasola de la caja, a flotarla en la pared y a calentarse los dedos! Sacó una ¡Rich! ¡Cómo alumbrabay como ardía! Despedía una llama clara y caliente como la de una velita cuando la rodeó con sumano. ¡Que luz tan hermosa! Creía la niña que estaba sentada en una gran chimenea de hierroadornada con bolas y cubierta con una capa de latón reluciente.¡Ardía el fuego allí de un modo tan hermoso! ¡Calentaba tan bien!.Pero todo acaba en el mundo. La niña extendió sus piececillos para calentarlos también; másla llama se apagó: ya no le quedaba a la niña en la mano más que un pedacito de cerilla. Frotóotra, que ardió y brilló como la primera; y allí donde la luz cayó sobre la pared, se hizo tanteansparente como una gasa. La niña creyó ver una habitación en que la mesa estaba cubiertapor un blanco mantel resplandeciente con finas porcelanas, y sobre el cual un pavo asado yrelleno de trufas exhalaba un perfume delicioso. ¡Oh sorpresa! ¡Oh felicidad! De pronto tuvola ilusión de que el ave saltaba de su plato sobre el pavimento con el tenedor y el cuchilloclavados en la pechuga, y rodaba hasta llegar a sus piececitos. Pero la segunda cerilla se apagó,y no vio ante sí más que la pared impenetrable y fría.Encendió un nuevo fósforo. Creyó entonces verse sentada cerca de un magnífico nacimiento:era más rico y mayor que todos los que había visto en aquellos días en el escaparate de los más ricos comercios. Mil luces ardían en los arbolillos; los pastores y zagalas parecían moverse ysonreír a la niña. Esta, embelesada, levantó entonces las dos manos, y el fósforo se apagó. Todaslas luces del nacimiento se elevarón, y comprendió entonces que no eran más que estrellas. Unade ellas pasó trazando una linea de fuego en el cielo.-Eso quiere decir que alguien a muerto- pensó la niña; porque su abuelita, que era la única quehabía sido buena para ella, pero que ya no existía, le había dicho muchas veces: “Cuando caeuna estrella, es que un alma sube hasta el trono de Dios”.Todavía frotó la niña otro fósforo en la pared, y creyó ver una gran luz, en medio de la cualestaba su abuela en pie y con un aspecto sublime y radiante.-¡Abuelita!-gritó la niña-. ¡Llévame contigo! ¡Cuando se apague el fósforo, sé muy bien que yano te veré más! ¡Desaparecerás como la chimenea de hierro, como el ave asada y como elhermoso nacimiento!. Después se atrevió a frotar el resto de la caja, poque quería conservar la ilusión de que veíaa su abuelita, y los fósforos esparcieron una claridad vivísima. Nunca la abuela le habíaparecido tan grande ni tan hermosa. Cogió a la niña bajo el brazo, y las dos se elevaron enmedio de la luz hasta un sitio tan elevado, que allí no hacía frío, ni se sentía hambre, ni tristeza:hasta el trono de Dios.Cuando llegó el nuevo día seguía sentada la niña entre las dos casas, con las mejillas rojas yla sonrisa en los labios. ¡Muerta, muerta de frio en la Nochebuena! El sol iluminó a aqueltierno ser sentado allí con las cajas de cerillas, de las cuales una había ardido por completo.-¡Ha querido calentarse la pobrecita!- dijo alguein.Pero nadie pudo saber las hermosas cosas que había visto, ni en medio de qué resplandorhabía entrado con su anciana abuela en el reino de los cielos. (AUTOR HANS CHISTIAN ANDERSEN)

HISTORIA DE PAPA NOEL

Se dice que Nicolás de Bari nacio cerca del año 280 en Patara, una ciudad del distrito de Licia, en la actural Turquía. Era hijo de una familia acomodada y creció bajo los tirantes deseos de sus padres. Su padre deseaba que siguiera sus pasos comerciales el el mar Adriático, mientras su madre pretendía que fuera sacerdote como su tío, el obispo de Mira (antigua ciudad griega de la Anatolia Egea, actualmente Turquía). Lamentablemente, la pesta solucionó su dilema, al llevarse a sus padres, mientras trataba de ayudar a los enfermos de su ciudad. El muchacho, conmovido con la desgraciada situación de su gente ante semenjante enfermedad, repartió sus bienes entre los necesitados y partió hacia Mira para vivir con su tío y ordenarse como sacerdote, cosas que logró a los 19 años. Más tarde, al morir su tío fue elegido para reemplazarlo. De él, se cuentan cientos de historias, especialmente narrando sus milagros y sus bondades para con la gente pobre. Tal fue la admiracion que sintieron por él que se convirtió en santo patrón de Grecia, Turquía, Rusia y la Lorena. Se estima que fallecimiento el 6 de Diciembre del año 345. La leyenda de Nicolás de Bari, su relación con los niños nace de una historia que indica que un criminal acuchilló a varios niños, entonces el santo rezó por ellos y obtuvo su curación casi inmediata. Pero además, Nicolás tenía especial inclinación por ayudar a los niños. Su mitica fama de repartidor de obsequios se basa en otra historia, que cuenta que un empobrecido hombre padre de tres hijas, no podía casarlas por no tener la dote necesaria, al carecer las muchachas de la dote parecían condenadas a ser “solteronas”. Enterado de eso, Nicolás le entregó, al obtener la edad de casarse, una bolsa llena de monedas de oro a cada una de ellas. Se cuenta que todo esto fue hecho en secreto por el sacerdote quien entraba por una ventana y ponía las bolsas de oro dentro de los calcetines de las niñas, que colgaban sobre la chimenea para secarlos. También fue nombrado Patrono de los marineros, porque, cuenta otra historia, que estando algunos de ellos en medio de una terrible tempestad en alta mar y viéndose perdidos comenzaron a rezar y a pedir a Dios con oraciones tales como Oh Dios, por las oraciones de nuestro buen Obispo Nicolás, sálvanos. En ese momento la figura de San Nicolás se hizo presenta y calmó las aguas. En Oriente se le conoce como San Nicolás de Mira, pero en ocidente se le conoce como San Nicolás de Bari, ya que, cuando los musulmanes invadieron Turquía, los cristianos lograron sacar en secretos sus reliquias (1087) y las llevaron a la ciudad de Bari en Italia. En esta ciudad se obtuvieron tantos milagros al rezarle al santo que rápidamente su popularidad se extendió por toda Europa. Hay cientos de templos en todo el mundo dedicados a

su figura. Ya en el año 550, en Roma se erigió uno en su honor.

ORIGEN DEL ARBOL DE NAVIDAD

Hay   dos historias que hablan del origen del árbol de Navidad. Una de ellas sitúa el comienzo de la tradición en la region francesa de Alsacia, donde hace cuatro siglos vivía un sacerdote muy caritativo que, cada noche de Navidad, repartía entre los menesterosos de su pueblo, alimentos, ropa y dinero que recolectaba en los meses anteriores. Un día, mientras preparaba los paquetes para cada persona, al sacerdote admiró la hermosa noche y tuvo la idea de colgar los reaglos en el abeto próximo a la iglesia. los pobres podrían así disfrutar además del cielo estrellado de diciembre mientras se reunían bajo el árbol para cantar los cántigos sagrados. Tan agradable resultó la reunión que desde entonces el árbol fue el centro de la fiesta navideña. Otro cuento lleva la tradición a Inglaterra y la sitúa en el siglo XVIII bajo el reinado de Jorge III. La esposa del rey, la reina Carlota, se caracterizaba por su bondad con los súbditos y el año 1765 decidió instalar, en uno de los salones más grandes de palacio, un “Christmas Tree” (arbol de Pascua en inglés) adornado con guirnaldas, luces, juguetes y toda clase de regalos

PÁJARO LOCO

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